La respuesta está en el 'ADN basura'
Al no encontrar nada en las regiones que codifican proteínas, los investigadores ampliaron su búsqueda para fijarse en los fragmentos de 'ADN basura' que había dentro de esos genes. En concreto en los 'intrones', complejos paquetes de información incluídos en las instrucciones genéticas para construir proteínas, pero que son eliminados por el ARN mensajero antes de la copia del gen para que esas instrucciones puedan funcionar.
Xia y sus colegas descubrieron que en el interior de un gen concreto de la cola (el TBXT) de un lejano antepasado de los simios actuales una 'secuencia Alu' había 'aterrizado' justo en medio de un intrón. Las secuencias Alu son una suerte de 'parásitos genéticos' secuencias cortas que se copian y se pegan a lo largo de todo el genoma. Según Yanai, "tenemos hasta un millón de secuencias Alu ensuciando nuestro genoma".
Normalmente, el hecho de que haya un elemento Alu dentro de un intrón no supondría ninguna diferencia, ya que se eliminaría durante la copia al mismo tiempo que el intrón. Pero en este caso, los investigadores vieron que había una segunda secuencia Alu, y escrita en orden inverso. Es decir, que las dos secuencias Alu eran complementarias, y Xia se dio cuenta de que se unían formando un bucle en el ARN mensajero.
El efecto sería similar al de encontrarse, en el manual de instrucciones para construir un mueble (la proteína TBXT) varias páginas pegadas e ilegibles. Es decir, que a la proteína ya ensamblada le faltaba una pieza clave. El equipo llevó a cabo varios experimentos para comprobar si efectivamente era así. Por ejemplo, demostraron que los ratones con esta mutación producen una mezcla de proteínas TBXT de longitud completa y de bits perdidos, como hacen los simios, y que esto generalmente resulta en la pérdida completa de sus colas.
Lo que el hallazgo no puede decirnos es por qué exactamente nuestros antepasados perdieron la cola. Es decir, por qué esta mutación en concreto fue seleccionada por la evolución. La mayoría de las explicaciones propuestas implican que las colas son una desventaja cuando los primeros simios comenzaron a moverse de una manera diferente, adoptando una postura erguida para caminar. Pero los fósiles sugieren que los primeros simios sin cola todavía caminaban sobre sus cuatro extremidades.
Xia y Yanai piensan que, en todo caso, la pérdida de la cola debe conllevar una gran ventaja evolutiva , especialmente si tenemos en cuenta que esta mutación también conlleva una desventaja. Algunos de los ratones del experimento, en efecto, desarrollaron anomalías espinales parecidas a la espina bífida. Los investigadores especulan que la tasa relativamente alta de espina bífida entre los humanos es una reliquia persistente de la pérdida de nuestra cola hace tantos millones de años.

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